Las cadenas

La gente dice que no le gusta estar atada, que ama su libertad. Pero al mismo tiempo, todos nosotros así no lo queramos aceptar, amamos las cadenas. Si, amamos las cadenas, aunque no toda clase de cadenas. Queremos las que son comodas, las que no aprietan demasiado, las que de vez en cuando nos dan la ilusion de poder quitarnoslas.

Nos aterra enfrentar solos una situación decisiva que pueda definir nuestras vidas. Ponerse en cuestión es lo más duro de ser libre, y uno tiene a esquivarlo una que otra vez. Por eso estamos bien en la universidad, en el colegio, porque no hay que decidir. Ya tenemos a quien culpar sobre lo que es -o no es- nuestra vida: el gobierno, el profesor, mis amigos. Pero ¡ah espantoso momento cuando salimos de la burbuja y por fin estamos libres! ¿Y ahora que hago? ¿Será que sigo estudiando? ¿Y la plata? Bueno, pues puedo trabajar, pero eso va estar complicado. ¿Y si me tomo un año sabatico?… pero y otra vez ¿La plata?

Sí amigos míos, nos gustan las cadenas. Por eso nos aferramos a nuestra forma de ver el mundo, y rechazamos sin miramientos cualquier cosa que amenace nuestra identidad y los fundamentos sobre los que desarrollamos nuestra conducta. Por que el cambio es espantoso, es aterrador, al igual que la culpa que nos echaríamos encima si nosotros mismos decidieramos nuestro rumbo y lo decidieramos mal.

Pero, y qué tal que quisieramos ser libres totalmente? Yo pienso que no podríamos. Tenemos que amoldarnos a una estructura social que no escogimos. Hay que conseguirse un trabajo, no importa que no sirva para nada. Hay que conseguir algo mejor que ser secretaria, conductor, asistente, cajero, mesero, repartidor; pero si no hay nada, hay que aceptar lo que sea porque, ¿de donde más saldría la plata?

Quisieramos hacer lo que en verdad nos apasiona y que nos pagaran por eso, pero esa clase de trabajos no existen. La creatividad se usa para engañar, el conocimiento para controlar a los que no lo tienen. Y efectivamente, eso paga, y paga bien. Tan bien que compra el silencio. Y ¿qué otra cosa podemos hacer que guardar silencio y esperar el proximo pago? Tendremos que mirar para otro lado, y desear que algo cambie.

Plata, plata, plata. Que delicia olvidarse por un momento de que nos amarra, ordenar sin mirar el precio del menú. Pero los recibos, las deudas, la renta no tardan en alcanzarnos.

Entonces ¿cual es la cadena, el limite que nos impone el dinero, o la mentalidad materialista voraz que nunca puede ser satisfecha? ¿Ambos?




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